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Desde El
Portal del Tango homenaje a uno de los grandes del tango
FRANCISCO GORRINDO
Naciò el 5 de Octubre de 1908 y se
convirtìó en uno de los más grandes autores de tango, con obras que
son clásicos como "Las cuarenta".
Se trata de Froilán Francisco Gorrindo, que nació y murió en Quilmes,
y que dejó para la posteridad temas como el citado, así como
"Paciencia", "Gólgota", "Ansiedad" y "Mala suerte".
Según cuenta Jorge Fernández, Gorrindo -mañana se cumple el centenario
de su nacimiento- desde muy pequeño, en que perdió a su progenitor,
fue criado por la madre y las tías. Su carácter rebelde, léase
temperamental y descontento, lo fue modelando en la lucha contra la
miseria. No tuvo otra instrucción que la escuela priamria y de la
rigurosa disciplina callejera fue tomando sus ácidas lecciones. Sin
embargo, quizás buscando instintivamente un equilibrio se sintió
atraido por la poesía, y en esa instancia surgieron las mejores letras
de la historia del tango.
Dice Fernández que Gorrindo era trasnochador, ansioso bohemio que
busca en los huecos de la noche esa borrosa imagen de felicidad que se
sueña y se presiente en la ilusiòn de indagar en el misterio de la
vida.
Se casó con Elma Lepanti el 21 de junio de 1937 y tuvieron tres hijos:
Sonia Norma, Marta Edith y Juan Carlos. Vivió hasta 1940 en Belgrano
1053 en Quilmes, época en la que surgieron sus mejores temas de poeta
y autor.
En su tango "Mala suerte" da como una definición de su filosofía de
vida...
"... yo soy como el jilguero
que aun estando en jaula de oro
en
su canto llora siempre
el
antojo de volar".
Su salud se fue resintiendo y durante los
últimos años de su vida luchó contra una dura enfermedad. Murió el 2
de enero de 1963.
Seguramente el tema que mayor marca dejó en los argentinos fue el
tango "Las cuarenta", escrito en 1937, con una letra que merece ser
recordada porque sintetiza una mirada rebelde de la miseria humana:
"Con
el pucho de la vida apretado entre los labios
la
mirada turbia y fría, un poco lerdo el andar
dobló
la esquina del barrio y curda ya de recuerdos
como volcando un veneno esto se le oyó acusar.
"Vieja calle de mi barrio donde he dado el primer paso
vuelvo
a vos, gastado el mazo en inútil barajar
con
una llaga en el pecho, con mi sueño hecho pedazos
que
se rompió en un abrazo que me diera la verdad.
"Aprendí todo lo malo, aprendí todo bueno
sé
del beso que se compra, sé del beso que se dá
del
amigo que es amigo siempre y cuado le convenga
y
sé que con mucha plata uno vale mucho más.
"Aprendí que en esta vida hay que llorar si otros lloran
y
si la murga se rie, hay que saberse reir
no
pensar ni equivocado... Para qué si igual se vive
y
ademàs corrés el riesgo de que te bauticen gil.
"La vez que quise ser bueno en la cara se me rieron
cuando
grité una injusticia, la fuerza me hizo callar
la
experiencia fue mi amante, el desengaño, mi amigo
toda carta tiene contra y toda contra se dá
.
"Hoy no creo ni en mí mismo... Todo es grupo, todo es falso
y
aquel, el que está más alto, es igual a los demás
por
eso, no has de extrañarte si alguna noche borracho
me vieras pasar del brazo con quien no debo
pasar"·
El Sol de
Quilmes
¿Es cierto que cantar verdades nos
acorta la vida..?
Por lo menos, tanto Discépolo como Gorrindo, así lo demuestran...
Ninguno de los dos, pudo llegar a la edad de jubilarse.
En 1908, recién comenzado el siglo XX,
casi marcando el final de la primera década, nacía un poeta que marcaría
un destino claro y definido, siguiendo anteriores rumbos. Ese poeta se
llamaba Froilán Francisco Gorrindo y llegó al mundo en momentos en que el
planeta se convulsionaba.
Era un año agitado, tanto como pueden serlo todos los años desde que el
mundo es mundo y el hombre trata de historiarlo.
Ese era el clima que se vivía
en ese año 1908, en que el 5 de octubre nacía Froilán Francisco Gorrindo,
en un modesto hogar de la localidad de Quilmes, en el sur de la provincia
de Buenos Aires. Desde muy pequeño (en que perdió a su progenitor) fue
criado por su madre y sus tías.
Su carácter rebelde (temperamental y descontento) lo fue modelando en su
lucha con la miseria. No tuvo otra instrucción que esa escuela primaria
que prontamente abandonó, tomando de la rigurosa disciplina callejera sus
ácidas lecciones de realidad y crudeza. Sin embargo, quizás buscando
instintivamente un equilibrio natural de sensaciones espirituales, se
sintió atraido por la poesía. Y quiso escribir y lo hizo.
Habiendo nutrido su experiencia en la lucha cotidiana, no era de esperar
que no fuera esa la resultante de su obra. Trasnochador, ansioso bohemio
que buscó en el hueco de los ámbitos nocturnos, esa borrosa imagen de
felicidad que se sueña y se presiente en la fragorosa ilusión de indagar
en el misterio de la vida. Así se lo fue conociendo y así muchos
aprendieron a respetarlo.
La vida lo arrebató con sus doradas alas y se casó con Elma Lepanti, un 21
de junio de 1937, iniciando lo que sería la parte más rescatable de su
vida, que floreció a través de sus tres niños: Sonia Norma, Marta Edith y
Juan Carlos. Gorrindo reía y era feliz. Sus amigos lo llamaban "Pancho" y
con mucho sacrificio, compró una vivienda en la calle Belgrano 1053
(siempre en su Quilmes natal) en la cual vivió con toda su familia hasta
1940, lo que algunos han considerado su mejor tiempo de poeta y autor.
Sin embargo, fue desgastando su salud en forma persistente y
consecuentemente, comenzó a preocupar a los demás. Las salidas nocturnas,
los desvelos no recuperados, fueron minando su precaria salud. Llegó a
entrar en crisis su gastado sistema nervioso, sembrando temor y angustia
entre sus allegados. El amor entrañable de su familia logró, junto al
efecto de la medicina, ponerlo transitoriamente a salvo. A todo esto,
Gorrindo escribía incansablemente. Lo hacía con un tono áspero, lleno de
rigor y, naturalmente, crudo. A veces, algo despiadado, como repitiendo
aquella parábola metafísica que nos legara el inefable Enrique Santos
Discépolo. Como queriendo transmitir su real filosofía al mundo, tratando
de explicar el porqué de las conductas humanas, como queriendo prevenirnos
de todo cuanto ya él mismo, había logrado revelar de la misteriosa trama.
¡Cuántas páginas se podrían seguir escribiendo (aún hoy, en la puerta del
año 2000) sobre este tema que no es otra cosa que el reflejo de la miseria
humana, analizada por el mismo ser humano!
Un amigo de la infancia, don Jorge Rodríguez Lizza, ha dicho que "Gorrindo
se definió a sí mismo, en la letra del tango "Mala suerte" donde dice:
"porque
yo sé que mi vida
no
es una vida modelo,
porque
quien tiene un cariño
al
cariño se ha de dar...
y yo soy
como el jilguero
que aún
estando en jaula de oro,
en
su canto llora siempre
el
antojo de volar...".
"Pancho" Gorrindo fue un enamorado de su Quilmes natal, al que nunca
abandonó. Allá por el año 1959, un terrible virus atacó su organismo y
durante 4 años debió luchar apelando a sus reservas vitales. Sin embargo,
totalmente destrozado por ese flagelo, el 2 de enero de 1963, entregó su
alma al cielo, y nos dejó para siempre. Indudablemente, era muy joven,
contaba sólo con 54 años y el tango esperaba aún más de su inspiración.
Quilmes ha honrado la memoria de su querido hijo, confiriendo su nombre a
una de las calles que lo ha inmortalizado. El mismo Gorrindo había escrito
aquello que dice:
"Vieja calle de mi barrio
donde he dado el primer paso;
vuelvo a vos, gastado el mazo...
Es inútil, barajar..."
Con emocionante simpleza, dijo con certeras palabras, toda la esencia que
el tango reconoce como suya.
El fenómeno Gorrindo eclosionó en el fervor popular allá por los albores
del 40, cuando una serie de tangos filosóficos, reveladores de la
sentencia del arte de vivir, plenos de elocuentes testimonios del
comportamiento humano, comenzaron a transitar la conciencia ciudadana, en
las voces de sus trovadores. Grandes obras como "Las cuarenta",
"Paciencia", "Gólgota", "Mala suerte", "Ansiedad" y "La bruja"
(hay muchos más hasta casi llegar a setenta obras), hicieron rápidamente
que su nombre alcanzara la popularidad.
El tango que musicalizara Roberto Grela y que llamaran "Las cuarenta"
fue estrenado por el "chansonnier" Fernando Díaz en una actuación
realizada en General Pico (La Pampa), para más tarde ser interpretado en
Radio Belgrano por Azucena Maizani, Charlo, Jorge Omar, Roberto Maida con
la orquesta de Francisco Canaro, Alberto Serna y casi todos los cantores
hasta llegar a la actualidad.
Otro importante suceso fue el tango "Paciencia", cuyos versos
entregó Gorrindo a Juan D’Arienzo. Lo ejecutó la orquesta de "El Rey
del Compás", lo cantó Enrique Carbel y lo grabó por primera vez en
1937; también lo cantó y grabó Alberto Echagüe; por tercera vez lo graba
Juan D’Arienzo con la voz de Horacio Palma, y finalmente, otra vez en
1970, Alberto Echagüe. También lo grabó Agustín Magaldi el 6 de enero de
1938 poco tiempo antes de su muerte.
Otro tango que se recuerda "Gólgota", compuesto por el pianista
Rodolfo Biaggi que con la voz de Teófilo Ibáñez, grabado en discos de 78
rpm; en 1938 lo graba también Jorge Omar con la orquesta de Francisco
Lomuto, y poco después lo hace también el rosarino Héctor Palacios.
"Novia", otro tango de su autoría, fue grabado por Charlo, con
música de Francisco Rofrano, en el año 1937.
"Déjame ser así" tango de Gorrindo y el bandoneonista Enrique
Rodríguez, fue grabado por el conjunto de este director, cantando Roberto
"Chato" Flores.
Otro tango, "Verano", creado con el bandoneonistapianista Joaquín
Mauricio Mora; "La bruja", un tango cuya música compuso Juan
Polito, fue grabado dos veces por Juan D’Arienzo, a través de las voces de
Alberto Echagüe y Mario Bustos; "Ansiedad", otro bello tango creado
por Domingo Moro (bandoneonista de la primitiva orquesta de Juan
D’Arienzo); "Mala suerte", tango con música de Francisco Lomuto,
cantado por Jorge Omar y grabado durante 1939; "Dos guitas", otro
tango creado junto a D’Arienzo, grabado en 1954 con Alberto Echagüe;
"La vida es corta", tango con Ricardo Tanturi, grabado con el aporte
vocal de Alberto Castillo; "Magdala", otro tango con Rodolfo Biaggi
que grabó por primera vez D’Arienzo cantando Alberto Laborde un 26 de
diciembre de 1944, aventajando a Rodolfo Biaggi que lo hace recién el 24
de enero de 1945, casi un mes más tarde, con la voz de Jorge Ortiz.
Uno de sus últimos tangos, "Mi cielo", fue musicalizado por el
bandoneonista Héctor D’Espósito, y es en donde Francisco Froilán Gorrindo,
ese ser humano que gritó lo despiadado de la injusticia, se hace romántico
y delira su inmensa fe, abriendo así su corazón:
"En el cielo inmenso de tus ojos glaucos
yo aprendí el latido de mi corazón;
y en esa noche, cargada de estrellas,
me he sentido bueno cerquita de Dios..."
Artículo publicado en la
Revista CLUB DE TANGO Nro.26 Septiembre-Octubre 1997 |